Día Internacional de los Derechos de la Infancia, por Elena Vizcay


La Asamblea General de la ONU aprobó en 1959 la Declaración de los Derechos del Niño, un texto con 10 principios que concreta para los niños y adolescentes la Declaración de los Derechos Humanos. El 20 de noviembre de 1989, se firmó la Convención sobre los Derechos de la Infancia, un texto que compromete más a los Estados y que permite desarrollar legislaciones de protección más amplias y eficaces. A pesar de todo esto, queda mucho por hacer.

Resuena en mi cabeza cuántas veces los hemos leído y cuántas veces hemos peleado por ellos. No son suficientes. Hay millones de niños y jóvenes en el mundo que no cuentan. Que sus derechos están y han sido pisoteados, o que ni siquiera cuentan.

Recuerdo los viajes internacionales, los programas en ejecución, los proyectos de muchos países, los encuentros con los diferentes actores de lo social, de la cooperación internacional al desarrollo con los que habitualmente nos encontramos y con los que coincidimos en el pensamiento y acción de que nuestra misión. ¡Señores, estamos dormidos!

Recuerdo que en junio, cuando celebrábamos el Seminario Internacional de Infancia, Juventud y Exclusión Social, en Pamplona, volvíamos a hablar de esto mismo: de los derechos de la infancia, de los derechos de los niños, porque sólo participando y ejerciendo los suyos, conseguiremos seres humanos plenos.

Cuando en 1959 se publicó y redactó la Declaración de los Derechos de la Infancia nunca hubiéramos pensado que este siglo XXI nos iba a deparar un compromiso muy serio de sostenibilidad «humana» que es que la defensa de los derechos de la infancia esté en primer lugar y nos lo creamos. Que los más débiles, los niños, son sujetos de derecho y nuestro hacer es precisamente ser capaces de garantizarles eso: sus derechos.

Súmate con nosotros, hazte una pregunta, se sensato contigo mismo y con tu compromiso social y plantéate que al menos, el 20 de noviembre, Día Internacional de los Derechos de la Infancia te lo vas a tomar en serio. Porque sólo así vamos a ser capaces de garantizar sus derechos y con ellos la continuidad y sostenibilidad de nuestra sociedad, la global, la del mundo entero. No seas egoísta y sólo mires para tu lado, acuérdate de los muchos que no cuentan, no existen, o simplemente están anulados o invisibilizados.

Por todos ellos estas pocas letras. Por todos los pequeños que en el mundo hoy no tienen educación, ni derecho a la ciudadanía, ni derecho a la vida, ni derecho a tener una familia, ni derecho a poder alimentarse, ni derecho a la atención sanitaria, ni derecho a expresar su propia opinión y a reunirse con otros niños, etc.

Todos tenemos una responsabilidad directa con la infancia y todos debemos contribuir a que estos sujetos de derecho, puedan ejercitar los suyos con total libertad y con total amplitud. Ese debe ser nuestro compromiso.

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