Archivo mensual: diciembre 2010

Atrás, en el viaje, queda Haití, pero sigue en nuestras mentes

27 Septiembre, Puerto Príncipe, fin del viaje. Parece que el viaje se termina y se resiste a dejarme buen sabor de boca. Parece que cuando la misión está cumplida, cuando hemos conseguido recopilar y concluir el encargo que traíamos, lo único que queda, como en cualquier misión de terreno, es volver a casa; intentar pasar lo mejor posible el incómodo y largo trayecto aéreo y sobre todo, conseguir dormir. Pero algo ocurre que me hace vulnerable, que me rompe en dos, solo a una hora de tomar el vuelo, en el aeropuerto de escala en Point à Pitre (Guadalupe) con destino París, los gritos ensordecedores de un niño de a penas cinco años piden auxilio en la lejanía de lo que mi vista alcanza pidiendo auxilio y desespera por volver a los brazos de la que durante los últimos meses ha sido su mami y de la que duramente debe desprenderse. Tras el terremoto del 12 de enero, muchos niños fuertemente heridos fueron expatriados a países vecinos y acogidos temporalmente, como medida psico-medical, por familias que sin duda adquieren, en ese periodo, un papel fundamental en el proceso de recuperación. Tal es el éxito de este proceso de recuperación que la idea de volver al origen materno donde su verdadera madre y familia le espera se convierte en la peor de las pesadillas. Lamentablemente este momento llega, y hoy es uno de esos momentos de retorno. Lo he presenciado con tanto dolor que me sentía parte del proceso de recuperación. Sin pensarlo he dejado mis cosas en el control de la aduana y me he arrodillado junto a la acompañante acreditada de la organización internacional que acompañaba a los cuatro menores, eran algo mayores y tenían una actitud algo más resignada aunque se percibía en su mirada el desconsuelo y dolor de la vuelta. El pequeño de los cinco estaba fuera de si, dos policías y la acompañante acreditada no podían calmarlo. Mi compañero de viaje no ha podido resistir tomarlo en brazos, y sin éxito, intentar calmarle. Todos esos adultos desconocidos no hacían más que un esfuerzo inútil por sujetar la más ardua de las realidades. El retorno a Haití. La vuelta a la familia, a la nueva situación e la ciudad de Puerto Príncipe tras el desastre; El miedo de lo vivido sale a flor de piel. La única medida de sujeción de tan irremediable dolor: la fuerza de un adulto, el placaje de sus brazos bloqueando cualquier amago de huída del pequeño Minor. Finalmente tras casi cuarenta minutos de ira, rabia y

Publicado en Blog, Sin categoría | Deja un comentario